Bañarse en la costa norte de Tenerife exige más cabeza que en el sur. Aquí el Atlántico está abierto, frío y muchas veces revuelto, y la costa es roca volcánica en lugar de arena. Pero los sitios que sí funcionan son excelentes, y uno de ellos está al final de nuestra cuesta.
Empieza por San Marcos
La Playa de San Marcos es una bahía pequeña —unos 160 metros de arena volcánica negra— cerrada entre acantilados por los dos lados. Esa geografía la resguarda, y por eso es el agua más tranquila de este tramo de costa y la playa a la que va la gente con niños.
En temporada tiene socorristas. Llévate escarpines: la arena da paso a roca y callao, y hay varios pares en la caja del balcón.
Los charcos
La especialidad de la costa norte es el charco: una piscina natural formada donde una colada de lava llegó al mar, a veces arreglada con escaleras y un murete. Te dan agua salada resguardada mientras el oleaje rompe al otro lado de la roca.
- El Caletón, Garachico — el más conocido, formado por la erupción de 1706 que sepultó el puerto del pueblo. A diez minutos, y se combina bien con comer en Tasca El Muelle Viejo.
- Charco de la Laja, San Juan de la Rambla — más pequeño y más espectacular.
- Charco del Viento, La Guancha — el favorito de la gente de aquí, se llega por una pista en mal estado.
Y en Puerto de la Cruz, Lago Martiánez es la versión construida: un complejo de piscinas de agua de mar diseñado por César Manrique, que es la opción segura el día en que no hay nada natural donde meterse.
Leer las condiciones
Hazles caso a las banderas. Verde es seguro, amarilla precaución, roja no entrar, y en esta costa la roja no es un formalismo. El mar que talló los charcos sigue llegando.
Las condiciones cambian rápido. Una bahía que estaba como un plato por la mañana puede ser impracticable por la tarde, y aquí eso es lo normal, no la excepción.