El Rebojo es un pequeño restaurante de Garachico, a unos diez minutos de San Marcos por la costa. Es uno de los dos sitios del pueblo que nuestros anfitriones señalan por la cocina en sí y no por las vistas, y lo que destacan es el cuidado: platos que están pensados.
Qué significa aquí “atención al detalle”
Garachico tiene restaurantes que viven del entorno: el puerto viejo, los charcos, las terrazas frente al mar. Es una razón perfectamente válida para comer en un sitio, y varios de ellos están recomendados en otras partes de esta guía.
El Rebojo está en la lista por otro motivo. Es de esas cocinas donde la composición del plato es deliberada, las raciones están medidas en lugar de amontonadas, y al pescado se le ha hecho algo más que pasarlo por la brasa. Si llevas unos días comiendo pescado a la brasa muy bueno pero muy sencillo —que es lo que hay, siendo honestos, en esta costa—, es un cambio de ritmo.
El vino que hay que pedir
Igual que en Silogía, la botella que hay que pedir es Viña Zanata, que se hace en La Guancha, unos kilómetros costa arriba.
Las viñas de Tenerife sobrevivieron a la filoxera que arrasó la mayoría de los viñedos europeos en el siglo XIX, así que muchas siguen creciendo sobre pie franco en suelo volcánico. La isla produce cantidades pequeñas y exporta muy poco. Pedir aquí el blanco local no es cubrir el expediente: es casi la única forma práctica de probarlo.
El pueblo que pisas
Garachico fue el puerto más importante de Canarias durante dos siglos: desde su bahía natural, al pie del risco, salía el vino malvasía hacia Europa y América.
En mayo de 1706 el volcán de Trevejo entró en erupción por encima del pueblo y siete coladas de lava terminaron de rellenar aquel puerto. El comercio se fue con él. Lo que quedó es un casco antiguo compacto, insólitamente intacto porque el dinero se marchó hace trescientos años, y un litoral de charcos de roca negra formados donde la lava alcanzó el mar.
Comer bien en un pueblo que perdió su razón de ser es un placer algo extraño, y buena parte del motivo por el que seguimos volviendo.
Cómo llegar
Diez minutos en coche. Aparca a la entrada en vez de buscar hueco en el centro. Como en toda esta costa, consulta antes los horarios: los restaurantes pequeños de aquí cierran por la tarde y cambian de día de descanso sin avisar.
