Restaurante Rocamar es un restaurante pequeño de Garachico, a diez minutos de San Marcos, con una carta corta a propósito. Está en esta guía por un motivo muy concreto: el conejo. Aike lo considera el mejor de la isla, y eso no lo dice de ningún otro sitio.
Pide el conejo
El conejo es uno de los platos que de verdad definen la cocina canaria, y no uno más de los que aparecen en la carta. La preparación clásica es el conejo en salmorejo: el animal adobado un día o más en ajo, pimentón, vino blanco, vinagre, tomillo y laurel, y luego guisado despacio en el mismo adobo hasta que se deshace.
Conviene aclararlo: el salmorejo canario no es el andaluz. En Córdoba, el salmorejo es una crema fría de tomate y pan. Aquí es un adobo para la carne, y no comparten más que el nombre. Si llegas esperando lo primero, te vas a llevar una sorpresa.
El conejo se cría y se come en todas las islas y está en casi cualquier carta tradicional. Es una carne magra, oscura y que aguanta bien los sabores fuertes, y de ahí que el adobo sea tan contundente.
Por qué una carta corta es buena señal
Una carta breve en un restaurante pequeño de esta costa suele significar que la cocina hace lo que compró esa mañana y no mantiene una lista larga a base de congelador. Menos platos, hechos más veces, por las mismas manos.
También quiere decir que la decisión te la dan casi tomada, lo cual, después de una semana leyendo cartas turísticas plastificadas en cuatro idiomas, se agradece.
Garachico, en breve
El pueblo fue el puerto principal de Canarias hasta que en mayo de 1706 el volcán Trevejo entró en erupción por encima de él y siete coladas de lava llenaron la dársena. El comercio no volvió. Lo que queda es un casco antiguo pequeño y muy bien conservado, y una costa de charcos de roca volcánica negra.
Restaurantes como Rocamar son el aspecto que tiene un pueblo trescientos años después de dejar de ser importante: pequeños, de aquí y sin ganas de impresionar a nadie en particular.
Cómo llegar
Diez minutos en coche. Comprueba el horario antes de salir: los restaurantes tradicionales pequeños de aquí cierran a media tarde y cambian sus días de descanso sin avisar.