Ristta sirve comida tailandesa en Puerto de la Cruz, a veinticinco minutos al este del apartamento. Es una de las pocas recomendaciones del Welcome Book en las que nuestros anfitriones abandonan del todo el tono comedido: «sencillamente espectacular» no es como describen la mayoría de los sitios.
Por qué destaca
La buena cocina tailandesa escasea de verdad en esta isla. Los restaurantes internacionales de Tenerife tiran a italiano, indio y mediterráneo genérico; una cocina que haga tailandés en serio es lo bastante rara como para que la gente coja el coche.
La otra mitad de la recomendación es el personal, que nuestros anfitriones mencionan expresamente. En una costa donde lo bien que te reciben es muchas veces la diferencia entre una buena comida y una que recuerdas, conviene saberlo.
Cuándo viene bien
Este es el reseteo de mitad de estancia. Después de varios días de pescado a la brasa, papas arrugadas y mojo —todo buenísimo, todo parecido—, una noche con limoncillo y guindilla de por medio deja el paladar listo para el resto de la semana.
Puerto de la Cruz da para una buena noche alrededor: los murales del casco antiguo antes, si todavía hay luz, la cena, y la vuelta por la costa.
Lo práctico
Veinticinco minutos por sentido. Aparca en un aparcamiento del pueblo y no en las calles del casco. Reserva el fin de semana y comprueba el horario, como siempre.
Puerto de la Cruz y por qué tiene todo esto
Es una pregunta razonable: por qué un pueblo de treinta mil habitantes en una costa tranquila tiene tailandés, indio, libanés y una estrella Michelin a un paseo unos de otros.
La respuesta es que Puerto de la Cruz recibe visitantes desde el siglo XIX —mucho antes de que se construyeran los complejos del sur— y unos cuantos se quedaron. Eso generó una población internacional asentada en lugar de estacional, y la gente que se asienta quiere comer lo de su tierra, bien hecho, todo el año.
En el sur hay más restaurantes. Aquí hay más variedad por habitante, y la hay desde hace un siglo.
Lo práctico
Veinticinco minutos por sentido desde el apartamento por la carretera de la costa norte. Aparca en uno de los aparcamientos del pueblo y entra andando: las calles del casco son estrechas y casi nunca merece la pena meterse en ellas con un coche de alquiler.
